AlcaláDigital.- Ignacio Sánchez. Una de las características del ser humano es el estar lleno de grandes y graves contradicciones. Suele utilizar la vara de medir adecuándola a sus envidias y represiones. Un ser nace libre, luego es la sociedad la que manipula a ese ser para hacerle victima de su doctrina poniéndole en el ojo del huracán con la paja en el ojo ajeno. Sucede en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad, pero donde quizás más ocurra en los últimos tiempos es en la llamada Fiesta Nacional.
Los festejos taurinos a través de los siglos ha constituido el único medio con el que nobles y plebeyos podían compartir honores y miserias.
Estamos asistiendo a la llegada de una nueva casta política con escasa cultura y educación que propaga su odio e indignación a todo aquello que se identifique con España. La fiesta de los toros que no ha entendido de realezas, dictaduras y repúblicas se está viendo seriamente amenazada por personas ajenas a su tradición y cultura.
Alcalá de Henares no está siendo una excepción en este aspecto, y es proclive a que en un futuro estas mareas se impongan a unos dirigentes débiles y acomplejados.
Estos movimientos autodenominados antitaurinos o contrarios al maltrato animal son los que miran a otro lado cuando los propios seres humanos estamos maltratándonos cada segundo unos a otros haciéndonos la vida imposible muchas veces por un quítame aquellas pajas con el fin de preservar nuestro débil carácter y comportamiento.
Y son precisamente esos autodenominados antitaurinos los que ignoran cualquier razón o conocimiento sobre el nacimiento, cría o selección de reses bravas. No es cuestión de hacer un tratado, quien no quiere saber o conocer determinados argumentos, siempre tendrá el suyo propio con que satisfacer su autoignorancia.
En al caso de Alcalá de Henares, algunas voces contrarias a la fiesta de los toros, intentan resaltar la escasa tradición que en la ciudad complutense hubieran podido tener este tipo de festejos.
Pues bien, mal que les pese, las fiestas taurinas siempre han estado ligadas a la historia y tradición de la ciudad, pues como ya Esteban Azaña explicaba en su “Historia de la Ciudad de Alcalá de Henares”: Alcalá fue siempre de su gusto este espectáculo”.
En Alcalá se celebraron fiestas reales y se realizaron acontecimientos locales donde en alguna ocasión se llegaron a pagar más de 1.000 reales. Acontecimientos taurinos que se desarrollaban en la plaza del Mercado, hoy de Cervantes, y que como lugar privilegiado para verlas se contaba con el palco existente sobre la calle Bustamante de la Cámara, donde los prebostes universitarios asistían a las mismas.
Cuando la plaza del Mercado fue remodelada, los festejos taurinos se realizaban en corrales hasta que José Aspa construyó en la huerta de San Nicolás de Tolentino una plaza de toros de obra, con tendidos de madera, espaciosos palcos y todas las dependencias necesarias. Plaza que se edificó en 1840, inaugurándose el 15 de agosto.
Por desgracia se demolió unos años después
Esta ausencia de plaza firme, se sustituyó por la vuelta a lidiar reses en algunos corrales, hasta que siendo alcalde Esteban Azaña, en 1879 Antonio Saraldi construyó una plaza en la puerta de Mártires. La plaza estaba construida toda de ladrillo en su fachada exterior, constaba de tendidos hechos por medio de grandes terraplenes y formada escalinata de ladrillo en número de once gradas, y sobre la última apoyaban las columnas de hierro que sostenían la techumbre de los palcos en número de treinta y siete, siendo las andanadas con antepecho de hierro. El coste fue de unas cincuenta mil pesetas, teniendo asientos para seis mil personas. Se inauguró el 30 de julio de 1879, lidiándose seis toros, de la ganadería de Laffite, tres, y otros tres de la ganadería de Juan Bartólez. Actuó como espada único Rafael Sánchez “Frascuelo”. El lleno fue absoluto, quedándose mucha gente sin poder entrar a la plaza, gente que llegó desde Madrid y desde los pueblos de la comarca. Como dato curioso los precios de las localidades fueron veinte duros los palcos; delanteras de grada, veinticuatro reales; tabloncillo, veinte reales; meseta de toril, veintiocho reales; sobrepuerta, veinte; barreras, veinticuatro; tendido de sombra, catorce y tendido de sol, once.
Cuentan las crónicas que fue una excelente corrida de toros y la gente se divirtió.
Una plaza que sirvió para multitud de eventos taurinos, y también para las exhibiciones militares que los soldados de caballería solían hacer. Sin descuidar la ingente cantidad de festejos taurinos que se hicieron para recaudar fondos para toda de asociación benéfica que lo solicitaba. Hasta el máximo mando de la aviación republicana, Ignacio Hidalgo de Cisneros se lanzó al ruedo en festivales para recaudar fondos.
Y es que la plaza de toros de Alcalá de Henares tuvo su momento de esplendor llegando incluso a competir con la de Madrid, por aquellos tiempos en los terrenos del actual palacio de deportes, como dato curioso, la plaza de toros de Alcalá en su remodelación de 1956 heredó la barrera del coso madrileño.
Esa tradición taurina de Alcalá, hoy relegada a la semana de ferias con carteles escasamente atractivos tuvo su contrapunto con excelentes carteles y corridas fuera de la denominada semana de ferias. Alcalá tenía afición y los carteles no podían defraudar.
El 25 de agosto de 1910, días de feria se anunciaba una corrida de toros con Vicente Pastor y Antonio Boto (Regaterín). Fue una constante, Alcalá era una ciudad taurina, por su gente y por la gran colonia militar establecida. Los llenos eran absolutos, y los día de corrida, era incesante el devenir de personas por el paseo de la estación hasta la plaza. Se venía a ver un gran festejo taurino y de paso se favorecía al comercio local, sobre todo al de la venta de almendras garrapiñadas, ya que era difícil que aquel que llegaba allende de nuestros límites locales, no se fuese con el tradicional dulce.
Alcalá de Henares, gozaba de una excelente salud taurina, por tradición y por estar situada en tierra de toros, porque aunque ahora se quiera mirar a otro lado. Alcalá como cabeza de su comarca extendió esta tradición a las poblaciones de su tierra y limítrofes, solo hay que darse una vuelta por la consolidación de la fiesta taurina en sus alrededores y en la vecina Guadalajara.
Una feria taurina que hacia que determinadas corridas fueran denominadas por la prensa de aquel entonces como “el más destacado acontecimiento taurino del año”.
Este tuvo lugar un miércoles, 26 de agosto de 1953, donde se lidiaron 6 toros de Manuel González para Domingo Ortega, Rafael Ortega y Dámaso Gómez.
Pocos años después llegó la remodelación de la plaza, acometida en 1956 y terminada en 1958. El aforo aumentó hasta las 7117 personas. Construida con estructura mixta de hormigón y hierro. Constando de dos plantas, tendidos y gradas. Poseía amplios corrales, chiquero, enfermería, desolladero y una bonita y amplia capilla. Contaba con un diámetro de 44 metros.
Hasta su demolición el 19 de diciembre de 1996, por sus instalaciones pasaron lo mejor y más florido de la tauromaquia en unas ferias que en algunos años llegaron a tener hasta nueve eventos taurinos.
Alcalá de Henares era obligada cita, para figuras del toro y cronistas de época, que dejaban en su pluma todo un crisol de su vivencia complutense.
Para muestra un fragmento del comienzo de la crónica taurina que el maestro Antonio Díaz Cañabate publicaba en ABC el 26 de agosto de 1965.
“Nada más entrar en las calles de Alcalá de Henares, la feria nos sale al paso, que es el buen sol de las ferias. Pero este año sol que no quema. Dejamos el coche lejos de la plaza de toros. Aún quedan tabernas en Alcalá de Henares. No entramos en ellas. No podríamos aunque quisiéramos. Están abarrotadas. Es la crítica hora de calentar el gaznate con el café y la copa. ¡Qué adorno tan bullanguero y logrado son las cadenetas de papel!
Fritangas en los alrededores de la plaza de toros. Alcalá de Henares es ya casi una ciudad cosmopolita, y sin embargo su feria mantiene aire campesino. Aquí están los labriegos con cara de pascua. Aquí están las mozas con rodetes en el pelo y atavíos de vivos colores. Y las viejucas, algareras y risueñas como chavalas.
Entramos en la plaza de toros. Parece una taberna, por el gentío que la colma. ¡Qué admirable pintura la de los tendidos de sol! Una pintura de Roberto Domingo.
¿Pecaremos en hipérbole si afirmamos que Roberto Domingo ha sido el más genial pintor que ha tenido la fiesta de los toros? Nadie como él interpretó esta luz. Limpia luz que ciega y enamora. Luz que choca y resalta los colores chillones. Chillidos luminosos que encandilan los ojos. Roberto Domingo fue el pintor de esta barahúnda colorinesca. Fue el pintor de los toros.”
Ese día torearon el Alcalá, Antonio Ordoñez, Diego Puerta y Andrés Vázquez, lidiando toros de Antonio Pérez de San Fernando.
Por aquellos años se habilitaban tanto en Madrid como en Alcalá despachos de localidades, en Madrid, dependiendo de la empresa se expedían en la calle Victoria, cercana a la puerta del Sol, bien en el número 3 o en el 9, dependiendo de la empresa. En los años 70 en Alcalá se despechaban en el bar Casa Juan, en la plaza de Cervantes 27 , reemplazándose después por el bar Somosierra o el Mar Moy en la calle Libreros, donde hoy está ubicada la inmobiliaria Tapia.
Y como anteriormente he señalado, no solo por ferias había toros en Alcalá, En primavera había fechas propicias, e incluso algunos toreros escogían la plaza de Alcalá antes de llegar al máximo reto por San Isidro en Madrid.
Un 1 de mayo, fiesta del trabajo, de 1973, Santiago Martín, “El Viti”, consiguió un gran éxito cortando cinco orejas y un rabo, siendo cogido en el quinto toro, resultando con fuertes contusiones en las regiones torácicas y renal.
Ese buen hacer de empresarios y aficionados hizo que la televisión de entonces emplazase en el coso de la Avenida de Guadalajara sus cámaras, para llevar el pulso de la afición alcalaína a todos los rincones de España, como sucedió el 30 de abril de 1974 donde Palomo Linares y Niño de la Capea, mano a mano, lidiaron una corrida de Anastasio Fernández que fue vista en toda España.
Por aquellos años la plaza de Alcalá de Henares en número de festejos era la segunda de la provincia de Madrid. En la feria de 1976, siendo empresario Paco Rodríguez, se programaron nueve festejos taurinos. Simplemente como curiosidad exponemos los carteles:
Día 21. Novillos de Viento Verde. Rejoneadores; Ángel Peralta, Rafael Peralta, “Lupi”, Ignacio Vargas.
Día 22. Becerrada. Becerros de Miguel Mateo “Miguelin” para “La Algabeña”, Lola Maya y Maribel Atienzar.
Día 23. Corrida de toros. Toros de Higueros, para Palomo Linares, “Paquirri” y Paco Alcalde.
Día 24. Corrida de toros. Toros de Mercedes Pérez Tabernero para Paco Camino, “Paquirri” y “Parrita”.
Día 25. Corrida de toros. Toro de Sorando para Palomo Linares, “Currillo” y Jorge Herrera.
Día 26. Corrida de toros. Siete toros de Beca Belmonte. Rejoneador Álvaro Dómecq. Miguel Márquez, José Luis Galloso y Juan Martínez.
Día 27. Corrida de toros. Toros de Juan Mari Pérez Tabernero para Ángel Teruel, Jose María Manzanares y Ruíz Miguel.
Día 28. Corrida de toros. Siete toros de Alejandro y Lorenzo García. Rejoneador, Fermín Bohorquez. Curro Vázquez, Paco Bautista y Antonio José Galán.
Día 29. El bombero Torero.
Unos años después se hizo cargo de la plaza de Alcalá Victoriano Valencia, hoy suegro de Enrique Ponce, que aunque disminuyó en número de festejos apostó por la calidad. Igual que sucedió posteriormente con Paco Gil como empresario, aunque ya los días de corrida se redujeron considerablemente. A finales de los años 80 el empresario Manolo García dio un nuevo impulso a la feria aumentado los días de festejos y trayendo a las máximas figuras, incluso a jóvenes principiantes, fue el debut en novillada en Alcalá de José María Plaza y Enrique Ponce, concretamente el lunes 29 de agosto de 1988.
Una de las corridas más redondas por aquellas fechas, fue la que se lidió el 3 de septiembre a cargo de Curro Vázquez, Julio Robles y José Ortega Cano, con toros de Francisco Galache.
Los años 90 empezaron con el propio ayuntamiento de Alcalá constituido en empresa taurina, unos años antes, ya habían vuelto los encierros a las calles de Alcalá. El recorrido se efectuaba por la calle Juan de Austria, Marqués de Alonso Martínez, hasta desembocar a la plaza de toros por la Avenida de Guadalajara. En esos años se corrieron reses de escasa presencia, animales de desecho con escaso trapío, pero que sirvieron para congregar miles de personas.
José Macias, por aquel entonces concejal de festejos, junto al resto de sus compañeros del partido socialista, fue el principal impulsor de este tipo de festejos. Con Pepe Macías vimos las mejores ferias toristas, donde primaba tanto la calidad del ganado como la artística. Todavía en la retina se recuerda aquél toro de Peñajara echándose a los lomos una de las puertas de la plaza. Días tras día, la plaza se abarrotaba, se ofrecía calidad y espectáculo.
Alcalá de Henares, se convirtió de buenas a primeras, en cuna y residencia de un buen número de grandes toreros. Siempre será recordada por los buenos aficionados la tarde del 27 de agosto de 1992. En la novillada de ese día se presentaban dos jóvenes alcalaínos, Jesús Romero y Regino Ortés, quienes con dos orejas cada uno abrían la puerta grande, siendo acompañados por el vallisoletano Manolo Sánchez quien obtuvo mayor premio al cortar tres orejas.
Dos años más tarde, el 29 de agosto de 1994, Jesús Romero, tomaba la alternativa de la mano de Dámaso González, fue tarde redonda, cortó cuatro orejas, pero no puedo salir por la puerta grande al ser cogido al instrumentar un pase de pecho al sexto de la tarde, sufriendo una cornada en la cara interna de la rodilla derecha.
Para la feria del siguiente año, se detectaron deficiencias en el tratamiento de cemento de la plaza, por lo que los técnicos aconsejaron, como medida de seguridad clausurarla.
El ayuntamiento de aquel entonces, decidió instalar una plaza portátil en los terrenos del campo de fútbol existente en Ronda Fiscal, celebrando el encierro de reses por el paseo de las Moreras. El acontecimiento taurino en la nueva plaza fue un llenazo impresionante y una organización pésima, ya que comenzó el festejo con parte del público sin poder acceder a sus localidades.
Fue el 1 de septiembre de 1995, lidiándose toros del Puerto de San Lorenzo, mal presentados y sospechosos de afeitado de pitones. Se presentaban en Alcalá, Rivera Ordóñez (2 orejas y rabo y silencio) Jesulín de Ubrique (2 orejas), que junto con El Litri (3 orejas) salieron a hombros por la puerta grande.
En esa feria, tuvo su despedida el diestro Rafael de Paula, que muy mermado físicamente, vio como un toro le era devuelto a los corrales. Esa misma tarde Jesús Romero cortó 3 orejas y un rabo. Completó el cartel Vicente Barrera, con un saldo de una oreja.
Ya por aquel entonces, corrían rumores sobre el derribo de la plaza de toros de la Avenida de Guadalajara. Un joven alcalde, Bartolomé González, se deshacía en un mar de dudas apuntando razones económicas para su desmantelamiento “Me gustaría mantenerla, pero no hay dinero. Si los vecinos lo lograsen…
En aquellos momentos la plaza de toros de Alcalá era la segunda más antigua de la provincia de Madrid, tras la de Aranjuez.
Desgraciadamente las reformas efectuadas en 1959 por Fernando Gago afearon la plaza, quedando en algunos puntos inacabada. Los voladizos de teja roja que la caracterizaban fueron sustituidos por remates de uralita. El ladrillo visto quedó tapado por la cal y los ventanales de ladrillo cambiados por columnas de hierro y cemento.
En 1991, el ayuntamiento de Alcalá planeó levantar una nueva plaza a las afueras con 8.000 localidades. Para lograr dinero recalificó como urbanizables los terrenos donde se erigía. Los descendientes de Gago la habían vendido a unos constructores. Con el dinero que generaría las licencias de construcción (unos 280 millones de pesetas) el ayuntamiento obtendría lo que faltaba para construir el nuevo coso.
Ante esta situación los vecinos de Alcalá se movilizaron. La Asociación de Hijos y Amigos de Alcalá lanzó la voz de alarma. En pocas semanas se recogieron 6.000 firmas. Vicente Fernández, su presidente, y ahora asiduo a las asambleas de Somos Alcalá comentó: “Carece de sentido derribar un edificio con 117 años. Sería más lógico enlucir la fachada, volver a levantar los balconcillos, sobresacar en algunos puntos la vieja fachada neomudejar, recuperar los tendidos y crear un centro cívico para las 350 asociaciones que existen”.
Con la negativa de los propietarios de los terrenos a la oferta del ayuntamiento de permutarles los terrenos, la plaza de toros empezaba a escribir el fin de su historia. Aún volvieron los toros, tras “parchear” algunas zonas el ayuntamiento.
La última corrida la torearon el domingo 1 de septiembre de 1996 en un mano a mano con toros de Peñajara los diestros locales Jesús Romero y Luis Miguel Encabo que abrieron la puerta grande por última vez.
El 19 de diciembre de 1996 la plaza fue demolida.
A partir de entonces ya es otra historia.