AlcaláDigital
27 de marzo de 2015

 


Fernando VII y Javier Bello
 
   
 
 
 
 
     

 
 

Ignacio Sanchez.- Cuando uno en los últimos tiempos se dedica a la investigación histórica o a las artes y tiene la tentación de retomar la actualidad política local siente pereza y porqué no decirlo hastío. Quizás el mismo que la somnolienta sociedad alcalaína muestra con sus responsables políticos a quien desde el respeto que la democracia impone ve lejos de acompañar al resto de sus conciudadanos en sus intereses y demandas.

Bello se ha convertido en un muerto viviente


Quedan escasos meses para una nueva cita en las urnas y salvo los acérrimos comparsas de los partidos comparecientes, el resto de la ciudadanía se encuentra inmerso en un papel meramente figurativo, navegando entre la indiferencia y la indignación.
Alcalá de Henares se encuentra inmersa en una metástasis difícil de paliar. Su equipo de gobierno está agónico, como el lugar que ocupan y su alcalde se ha convertido en un muerto viviente que desprecia a sus vecinos y a la oposición.
Jamás un alcalde en Alcalá de Henares ha podido caer tan bajo como Bello, un empleado de banca, sin conocimientos de la materia que por obra y gracia de la ley vigente fue promulgado alcalde tras la espantada de Bartolomé González.

Un análisis pausado y sosegado sobre la conveniencia de dar el voto


Es insultante que una ciudad como Alcalá de Henares, por historia y cultura, esté dejada a la ignominia e ignorancia de sus responsables políticos, con la tolerancia del resto de sus ciudadanos que en una sociedad democrática permiten tamaños despropósitos.
Ahora, cuando los partidos políticos están engrasando sus maquinarias electorales, unos para intentar convencer con los supuestos aciertos y otros para levantar las miserias de sus adversarios en una rutina cansina y obsoleta, es cuando se debería llegar a la reflexión y al análisis pausado y sosegado sobre la conveniencia de dar el voto a unos y a otros.

Que Bello, Avendaño o Pilar Fernández, por poner un ejemplo, puedan repetir es un insulto


Nos dimos una democracia y eso significa que deberíamos escoger a aquellas personas que supiesen representarnos con honradez y eficacia. Según está el presente puede parecer una utopía. Yo sigo creyendo en la democracia, pero son muchas las dudas y negativas que me causan cuando se puedan volver a presentar a las elecciones personas ajenas con la realidad alcalaína y que solo buscan sus propios intereses. Que Bello, Avendaño o Pilar Fernández, por poner un ejemplo, puedan repetir es un insulto, tanto para los ciudadanos de Alcalá como para sus propios partidos.

Si Fernando VII fue el peor rey de España. Bello se ha convertido en el peor alcalde de Alcalá


Ni el PP, ni IU, ni UPyD han podido llegar más bajo con sus representantes. Y lo que es peor, que dentro se sus partidos apenas existan voces críticas.
Si Fernando VII fue el peor rey de España. Bello se ha convertido en el peor alcalde de Alcalá, ambos comparten multitud de defectos. Son despóticos, prepotentes, ambiciosos, inútiles en la gestión, cobardes y mentirosos. Ambos se han servido de adláteres y paniaguados que viendo peligrar sus elevados emolumentos se han convertido de tapadera de sus fracasos.

Una parpetua indiferencia de la sociedad alcalaína


Algunas veces uno añora aquella Sociedad de Condueños que en el siglo XIX salvó a Alcalá de Henares de la destrucción patrimonial. Ahora estamos inmersos en otra destrucción política y social, y lo que es peor no existen remedios económicos para paliarla esté quien esté en el antiguo convento de San Carlos Borromeo. Y mientras, una parte de la sociedad alcalaína se muestra inconsciente con su futuro, enfrentándose a lo que parece una perpetua indiferencia.
Motivo que debería llevar a la reflexión y exigir a todo aquél que se presente a las elecciones un código ético,  con cuatro preguntas claras ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? y ¿Con qué?

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