MADRID, ALCALÁ DE HENARES (ALCALADIGITAL) Que un alcalde después de renovar la alcaldía quiera irse pasados cinco meses desde su última investidura dice muy poco a favor del respeto que le merecen sus votantes. El poder cansa y hastía; tras años de bondades de gobiernos en mayoría es difícil digerir mantener un consenso con otros grupos políticos que lo único que pretenden es dejar pasar el tiempo para que el desgaste sea irreversible.
Antes de las navidades, Bartolomé González manifestó su deseo de dejar el ayuntamiento; el triunfo absoluto de su Partido en las elecciones generales y la remodelación del gobierno de Esperanza Aguirre parecía que le podrían abrir las puertas para salir de Alcalá. Pero el descalabro al perder la mayoría absoluta le hizo perder la confianza de su Partido, y sobre todo de su presidenta incapaz hasta la fecha de “colocarle”. Sabido es que Aguirre siempre ha contado con los más capaces, y de momento González no está en esa lista de sus elegidos.
Aguirre ha asentado a González en su destierro alcalaíno, situación que perjudica a la población que en el desastroso desgobierno de la ciudad está empezando a ver dos culpables donde antes solo había uno. González por su gestión y Aguirre por mantenerle.
González es un cáncer para el Partido a nivel local, pero también a nivel de la Comunidad de Madrid.
Después de algunas décadas la gaviota ha sobrevolado con fuerza por el Valle del Henares en contraposición a una rosa que se marchitaba cada vez más, pero los turbios nubarrones que corren por Alcalá hace que la gaviota cambie el rumbo.
Bartolomé González está en ese punto donde le da igual salir por la puerta de delante o por la de detrás, y aquí es donde entra en juego Aguirre que está taponando la salida de González con el perjuicio que eso supone para la pésimamente gobernada ciudad alcalaína.
Alcalá de Henares no se merece una estrategia de tierra quemada, dejar una Ciudad Patrimonio de la Humanidad como un solar tiene un responsable que se llama Bartolomé González, quien a su vez es el representante de una franquicia llamada PP-Madrid, cuya cabeza es Esperanza Aguirre, al que le está permitiendo conductas de despotismo, arrogancia, soberbia y malos modos, pensando que esas malas conductas, le ayudaran a ser más impopular. Un modo de mal proceder que González propicia para que Aguirre le “cambie de aires”. Un pulso basado en el mal, que a Bartolo le vendría muy bien, pero que hasta ahora solo le esta sirviendo para ganarse impopularidad y enemigos.
Esperanza Aguirre, mantiene un condenado en Alcalá de Henares que se llama Bartolomé González, al que le está haciendo pagar una dolorosa pena por sus errores y en medio una ciudad que le sufre. Son demasiados frentes abiertos los que se tienen cuando apenas se cumple un año desde las últimas elecciones municipales; frentes que perjudican al partido tanto a nivel local como provincial, y es que si ha costado mucho que Esperanza Aguirre en Alcalá cosechase gran número de votos en las últimas elecciones, la irresponsabilidad del representante de su franquicia está derivando a que el voto se traslade a otras opciones, como ya pasó el 22 de mayo de 2011.
El peor problema de Alcalá no es la trasparencia, la auditoria, el convenio o los presupuestos, el peor problema se llama Bartolomé González, quien está recogiendo lo sembrado, se equivoca de estrategia al pensar que mientras peor le vaya a Alcalá y al Partido, mejor le irá a él, o sus negocios.
Quiere que se le echen de Alcalá obligado por el desgobierno generado, las dudas ya han llegado hasta sus fieles seguidores, que preguntan cuando se va. Que después de tantos años de gobierno no te quieran tus ciudadanos empieza a ser triste, retirarse a tiempo es de inteligentes, aguantar es de necios, condenado políticamente está esperando un puesto, pero puede pasar como la fea del pueblo que esperando, esperando se le pase el arroz, y al final tenga que meterse a monja, pero esta chica al menos no dejaba a sus vecinos ahogados y sin posibilidad de tener a mano un desfibrilador de emergencia. |