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Madrid. Lunes 16 de abril de 2012
 
  Un alcalde cacique o, un cacique de alcalde  
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MADRID, ALCALÁ DE HENARES (ALCALADIGITAL) La edad suele hacer templar a los hombres, hacerlos más justos, serenos, reflexivos, les hace valorar ciertos conceptos que en sus años jóvenes requerían otro tipo de comportamiento. Sin embargo determinadas personas que llegan a la política en plena juventud, que sin experiencia “tocan poder”, con el tiempo la tendencia suele hacerlos soberbios, pedantes y malévolos. El emperador romano Calígula tuvo buenos comienzos pero poco a poco cayó en su propia egolatría con los resultados conocidos.

En Alcalá de Henares existe un alcalde que la mitad de su vida se la ha pasado en el ayuntamiento, apenas conoce la calle, a la que solo utiliza buscando el voto fácil, se muestra petulante tratando de encontrar la complicidad del pueblo asistiendo a mil y un eventos, e incluso se atreve a autoproclamarse el alcalde que gobierna para todos los alcalaínos.

Palabras huecas, vagas y demagógicas. Cuando una alcalde gobierna tomando decisiones personales se convierte en un cacique, y esto es en lo que se ha convertido Bartolomé González sin que en su partido se atrevan a la mínima crítica, ya que automáticamente se es defenestrado, y aquí hay estómagos agradecidos.

El caciquismo es la dominación o influencia del cacique de un pueblo o comarca.  En su segunda acepción según el RAE, el caciquismo es la intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder e influencia.

Bartolomé González es digno heredero de aquellos caciques que a principios del siglo XX se convirtieron en un verdadero cáncer para sus gobernados, quienes aumentaron los impuestos, manipularon su voto, privaron de libertades  y empobrecieron bajo pretextos de ofrecerles mayor explotación para sus tierras. En el ayuntamiento de Alcalá de Henares con un equipo de gobierno títere, Bartolomé González diseña la estrategia de la imposición, donde tan solo con la inexperta UPyD mantiene un consenso de tolerante vasallaje buscando ampliar en el tiempo una salida “digna” para sus intereses personales de negocios personales.

El Partido Popular en Alcalá de Henares en manos de Bartolomé González se ha convertido en el partido de pensamiento único, donde se toman decisiones unilaterales, ajenos a una democracia que en el fondo a muchos de sus miembros les repugna.

Cuando hablan de eso del “buen rollito” solo hacen muestra de su inestabilidad y debilidad para tomar decisiones consensuadas de gran calado económico y social.

Cuando perdió la mayoría absoluta Bartolomé González parafraseó “algo hemos hecho mal”. A partir de aquellas palabras existió la esperanza de que el acto de contrición hecho a renglón seguido llevara a escuchar a los críticos de su partido, el utilizar el plural en sus palabras no dejaba lugar a dudas, eran otros los que se equivocaron, yo no.

Los hechos han demostrado que jamás tuvo pensamiento en seguir la ruta marcada en su discurso de investidura, discriminando a ciudadanos que no piensan como él o a medios críticos hacia su persona y su gestión. González pone la mordaza a partidos y prensa en pleno ejercicio de “su libertad de expresión”, con total desprecio de la Constitución.

Como el inexorable paso del tiempo es el que da y quita razones, González con la edad en vez de conseguir aquellas virtudes dignas de la madurez como es el saber mantener el equilibrio respecto a la manera de ser, actuar y resolver las distintas situaciones conflictivas con equidad, se ha amparado en las urnas para dar legitimidad al desgobierno, la prepotencia y el autoritarismo ante los súbditos que pagan su sueldo.

Solo una persona que en alguna forma ha cuidado de cosas y personas y se ha adaptado a los triunfos inherentes al hecho de ser generador de productos o ideas puede madurar gradualmente.

A día de hoy Bartolomé González al igual que les pasa a los boxeadores pasados de años y de fuerza física, es un juguete roto, es un boxeador “sonado” lanzando los brazos al aire en multitud de direcciones para acabar siempre impactando en el más débil. Que pena.

 
     
     
 
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