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Madrid. Viernes 02 de diciembre de 2011
 
  El olfato condiciona a las mujeres  
     
 

Doctissimo.- Tener buen olfato, dar en la nariz, no poder oler a alguien… Son muchas las expresiones relacionadas con el sentido del olfato, pero ¿somos conscientes de los vínculos que existen entre este y nuestras emociones?

En busca del olor perdido

¿Quién no se sorprendió alguna vez al volver a oler un aroma cargado de recuerdos de su infancia? Las fotos no son los únicos testigos de nuestra memoria. Otros sentidos, aparte de la vista, pueden traernos recuerdos de manera inesperada. Del mismo modo que un trozo de magdalena permitió a Proust reavivar el recuerdo de su tía Léonie, los olores pueden venir cargados de un importante contenido emocional.

Según la psicóloga Rachel Herz, no existen olores que adoremos u odiemos por naturaleza, sino que todos ellos son el reflejo de emociones a las que los hemos ido asociando gracias a diferentes historias personales. Herz cuenta la historia de una de sus pacientes que no podía soportar el olor a rosas que había olido por primera vez durante el funeral de su madre. “Percibimos los olores como una interpretación de experiencias anteriores. El significado de los olores no es innato, del mismo modo que tampoco nosotros reaccionamos de manera farmacológica. Se trata del resultado de un aprendizaje y de asociaciones”, declara la Dra. Herz.

Estos lazos entre percepción olfativa y emociones constituyen el principal objeto de investigación de la Dra. Herz mediante la cual pretende aportar una respuesta a preguntas como estas: ¿Perciben hombres y mujeres de la misma forma esta información? ¿Cómo pueden los olores influir en el comportamiento de las personas?...

No ver más allá de su nariz

Psicólogos de la Universidad de Brown, en Estados Unidos (1), quisieron someter a test la hipótesis según la cual ciertos olores pueden influenciar de manera cuantificable las capacidades intelectuales y el comportamiento humano. Para comprobar dicho principio, dividieron 63 mujeres en dos grupos diferentes. El primer grupo fue sometido a un olor ambiente y a la práctica de un juego de ordenador al que era imposible ganar. Resultado: un enorme sentimiento de frustración general.

Tras una pausa de 20 minutos, se les pidió que realizasen unos ejercicios de reflexión en tres ambientes diferentes: con el mismo olor que el del primer ejercicio, con otro diferente o con ninguno. Resultado: las mujeres que se quedaron en el mismo ambiente resolvieron los problemas en menos tiempo que los demás grupos. “Esas mujeres demostraron una cierta impaciencia por acometer un trabajo capaz de estimular el intelecto debido a la frustración causada por el olor”, explica la Dra. Herz.

El segundo experimento permitió confirmar que no se trataba de mejores resultados sino de menor perseverancia. Por otra parte, los psicólogos quisieron comprobar si el hecho de exponerse durante mucho tiempo a un mismo perfume podía causar una alteración de los resultados. Tras reemplazar la etapa del juego de ordenador por la proyección de un vídeo neutro, no constataron ninguna diferencia entre los tres grupos con respecto a los test realizados. Según los investigadores, estos resultados demuestran un fenómeno general ya comprobado: las emociones pueden asociarse a ciertos efluvios y ejercer una influencia directa en el comportamiento.

Love is in the air...

Este estudio, presentado en el congreso anual de la Asociación americana de Ciencias de la Quimiorecepción, no es el único que asocia olores a comportamientos. La posible existencia de feromonas que influyen en la atracción sexual entre mujeres y hombres sigue estando, con frecuencia, en primera plana de actualidad. Sin embargo, al margen de estas reacciones instintivas, los olores imperceptibles podrían ocupar un papel relacionado directamente con la organización social. La literatura científica, más allá del lirismo de Proust, ha destacado:

  • Las mujeres que viven juntas tienen tendencia a sincronizar sus ciclos menstruales (2). En 1998, el mismo autor asociado al Prof. Stern (3) demostró que ciertas moléculas inodoras que emanan de las axilas femeninas durante fases particulares del ciclo son las responsables del cambio de fecha de ovulación y de las reglas de las mujeres sometidas a esos componentes.
  • Un mecanismo de aversión olfativa (4) de los miembros de la familia es capaz de señalar la fase de independencia y de distanciación social característica de la preadolescencia.
  • La mujer presta una atención particular al olor de su pareja (5). Ese perfume reflejaría las diferencias entre ambos en cuanto al sistema inmunitario. Para transmitir a la descendencia los medios de defensa más eficaces (y por lo tanto, bastante alejados de los suyos), las mujeres se basarían en su olfato a la hora de escoger su pareja.
  • La emisión de determinados olores por parte de recién nacidos y de mujeres que dan el pecho podría favorecer el deseo sexual de otras mujeres. Estas sustancias químicas, herencia de nuestros antepasados, permitirían señalar el periodo más favorable para la reproducción.
  • Los hombres tampoco se quedan atrás. Según un estudio (7) llevado a cabo con unos cincuenta hombres, el olfato masculino es capaz de identificar la ropa interior utilizada por las mujeres durante el momento de la ovulación al presentarse dicho olor como ¡el más agradable y sexy!

Ten cuidado, sin embargo, con no conceder demasiada importancia a tu olfato. Esos vestigios de la evolución no están a la altura de las informaciones que obtenemos gracias a otros sentidos como la vista y el oído. No pierdas el tiempo con filtros de amor que te garanticen el éxito con el sexo opuesto, ¡despierta tus sentidos y no dejes que te media naranja se te escape delante de tus narices!

D. Bême

 
     
     
 
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