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Madrid. Miércoles 25 de enero de 2012
 
  ¿Calle Mayor o Chinatown?  
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MADRID, ALCALÁ DE HENARES (ALCALADIGITAL).- El pasado domingo finalizaba la Feria Internacional de Turismo (FITUR), con la presencia en el stand de la comunidad de Madrid de Alcalá de Henares, única ciudad madrileña Patrimonio de la Humanidad. La amplia oferta patrimonial que ofrece la ciudad complutense al visitante se ve oscurecida ante la denuncia de un grupo de comerciantes alcalaínos que consideran que desde el ayuntamiento no se protege adecuadamente al establecimiento tradicional alcalaíno. Y no les falta razón.


De los aproximadamente 100 comercios establecidos en la calle Mayor y su entorno, tan solo 10 comerciantes han decidido dar la voz de alarma. La calle Mayor se esta convirtiendo poco a poco en una pequeña Chinatown, al abandono de los comercios tradicionales están proliferando los regentados por orientales, ya sean bazares, tiendas de ropa, lencería, bolsos, zapaterías, móviles, bisutería, etc. De la Alcalá de las tres culturas se está pasando a la de cultura única, la oriental. Cuando desde la concejalía de turismo se esfuerzan en reforzar la oferta cultural se están olvidando de los más importante, la protección del comercio pura y netamente alcalaíno.


Mientras el visitante a ciudades Patrimonio de la Humanidad, como Toledo, Cuenca, Segovia, Ávila, por poner ejemplos de ciudades próximas camina por estas calles apenas encuentra en su casco histórico una proliferación de negocios oriental por metro cuadrado como sucede en Alcalá, algún restaurante o tienda de golosinas, pero poco más.


Alcalá en sus últimos sesenta años ha sufrido dos grandes movimientos poblaciones que han hecho crecer la población de una manera desmesurada.
La primera fue cuando en los años sesenta Alcalá se convirtió en un núcleo importante industrial, hasta la antigua Complutum llegaron gente de Extremadura, Andalucía, Castilla la Vieja y de la próxima Guadalajara, personas que trabajaban y que cuando salían de sus trabajos se refugiaban en sus casas en los barrios obreros diseñados al efecto, Reyes Católicos, Juan de Austria, El Chorrillo, etc. sin que hubiese una plena integración con la vida alcalaína que se hacía en el centro de la Ciudad, todavía en aquella época plaza fuerte militar.

Y precisamente ha sido este estamento el que dio vida al centro de Alcalá mientras permaneció en la ciudad. En aquella época en el centro de la ciudad había un comercio cercano y entrañable, sobre todo variado, en la calle mayor podías encontrar prácticamente de todo, el bazar por excelencia era la Ferretería Calleja con sus tres plantas, se acompañaba la calle Mayor con comercios de comestibles, cerería, carnicería, pescadería, óptica, saneamientos, muebles, droguería y perfumería, zapaterías, gorras y abanicos, telas, imprenta, librerías, venta de periódicos, banco, confiterías, electrodomésticos, relojerías, farmacias y hasta discoteca. Todos comercios donde en vez de un cliente uno se sentía como miembro de la familia. Ahora de aquello queda poco o nada.


El segundo gran aumento demográfico en Alcalá de Henares llegó con el “boom” inmobiliario, pero ya no llegaron a Alcalá personas procedentes de otro lugares de España, Alcalá creció con ciudadanos en su mayoría procedentes del este europeo, Polonia y Rumania, a los que se sumaron hispanoamericanos y en menor medida gente de la zona del Magreb.


Personas que salvo excepciones apenas se han integrado en la sociedad alcalaína.


En cuanto al comercio del centro poco a poco comenzó perdiendo fuerza, condenado al mayor de los desamparos.
Cuando Manuel Peinado en su época de alcalde realizó la operación bolardo, donde se gastaron ingentes cantidades de dinero en un plan mal diseñado y que a la postre le haría perder las elecciones, los comerciantes dieron la voz de alarma y pusieron en contra de su gestión a una parte de la sociedad alcalaína.


Se aprovechó de esa circunstancia Bartolomé González, que enterró los bolardos y desarrolló un ambicioso plan de aparcamientos subterráneos, se hicieron tres, aunque por el índice de ocupación con escaso éxito, entre otras cosas porque su precio puede resultar excesivo, contando con el rocambolesco itinerario que hay que efectuar hasta llegar al del Mercado Municipal.


El comercio tradicional pareció que iba a respirar, pero cuando se empezaron a traspasar locales y casi todos eran regentados por personas de procedencia asiática, se volvió a dar la alarma.


Desde la Agrupación de Comerciantes de nueva creación, hacen responsable de tal dislate al alcalde Bartolomé González, al que le acusan de no haber tomado medidas ante la proliferación de un tipo de comercios de baja calidad y elevada apertura comercial.


Y es que si un turista quiere comprar un periódico, o disponer de un cajero automático bancario en la zona de la calle Mayor, va a tener serias dificultades para conseguirlo, tan solo en una librería junto a la zona de los Santos puede encontrar la prensa diaria, mientras que se tendrá que dar un paseo hasta la calle Libreros para encontrar el cajero.

Mientras desde la oposición se entretienen en otras cosas, con mociones instando a las más altos organismos del Estado a protegerlos de sus decisiones, o a diseñar un carísimo plan de evacuatorios públicos, el comercio de Alcalá seguirá reclamando su protagonismo en el municipio sin verse atendido en sus justas reclamaciones y los alcalaínos seguirán echando en falta entre otros a Cerezo, Bar Juanito, Becerril, Goyger, Ferretería Calleja, Casa Cirilo y ahora recientemente el hotel Bedel y el bar Toledo.

 
     
     
 
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