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Madrid. Viernes 18 de mayo de 2012
 
  Vendedores de humo en el Salón de Plenos  
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MADRID/ALCALÁ DE HENARES (ALCALADIGITAL).- Si Carl Sagan conociese lo que se cuece en los Plenos del ayuntamiento de Alcalá de Henares, perfectamente los daría cabida en su obra “El mundo y sus demonios” donde escribía que había detectado un “kit para detectar tonterías”, un conjunto de herramientas lógicas gracias al cual podía detectar falacias e inconsistencias en argumentos prestos al análisis escéptico.


Se quejan los políticos de Alcalá de Henares, que siempre que sale esta ciudad en los medios informativos es para hablar mal de ella; sin darse cuenta, porque no dan más de sí, que la mayoría de las veces los responsables tienen nombre propio, o sea el de ellos.


Sagan, basó su kit en la observación de los fraudes y mentiras que ha azotado a la humanidad desde el albor de los tiempos y resultaba fascinante constatar como el engaño no ha cambiado tanto desde el descubrimiento del fuego o el invento de la escritura, quizá la única diferencia radique en que el tiempo ha convertido alguno de ellos en tradiciones respetables. Conocido es aquello de que “es mejor hablar mal de mí, pero que se hable”, algo que es perfectamente extrapolable al alcalde de Alcalá de Henares, Bartolomé González y a su séquito de vasallos.


El Salón de Plenos se ha convertido en un mercadillo de vender humo, un gran teatro del absurdo. Los cuatro partidos con mayor representación en el ayuntamiento carentes de iniciativas que alivien las “penalidades” de sus representados, se enzarzan en discusiones superfluas y sin ninguna trascendencia para aliviar al ciudadano.


Al contribuyente que el obispo diga tal o cual cosa, le trae al “pairo”, se puede no estar de acuerdo con él o con la forma de decirlo, pero al fin y al cabo no está haciendo otra cosa que predicar la doctrina católica. En un país con libertad de expresión y de opinión, afortunadamente cada uno puede decir lo que quiera, pero baste que en Alcalá exista una izquierda represiva, anclada en el 31, para hacer saña de lo que tiene más cercano, conscientes de que la única defensa que tiene la Iglesia se basa en la palabra.


En todos los años que lleva funcionando “democráticamente” el ayuntamiento no se ha escuchado a ningún partido político condenar la persecución de la homosexualidad por parte de los gobiernos de Cuba, en Corea del Norte, o en la propia Venezuela, ni tampoco “instar” al gobierno de Irán para que no ahorque a los homosexuales, o presentar mociones para prohibir el burka o la ablación del clítoris. Alcalá de Henares sufre la cobardía de cuatro grupos que entre todos la mataron y ella sola se murió.


Como buenos vendedores de humos presentan el engaño con unas pocas frases atractivas, utilizando la demagogia, gratis sí, pero “luego extiéndeme el cheque”, verás a dios pero los resultados no están garantizados. Lo importante es dar a la audiencia lo que pide, desea u utilizando el marketing de campaña política crearle una nueva necesidad y si puede ser increíble, mejor.


Sabido es que entre la Iglesia y la izquierda nunca ha habido una buena sintonía, pero al menos la Iglesia la respeta, no se puede decir los mismo de la izquierda a la que cuesta reprimir sus bajos instintos naturales en los asuntos de la Iglesia.


Lo que ya no es tan normal es que la derecha del vicesecretario tercero de nada, vote a favor de una moción como la de la subida del IBI a la Iglesia que ha tenido inmediata respuesta por sus correligionarios del ayuntamiento de Madrid, que han puesto una vez más en evidencia ese deseo de ser “progres” de sus homólogos alcalaínos calificándolo de “brindis al sol”.


Y es curioso, porque aunque pretendan desde los partidos políticos alcalaínos poner una trinchera inviolable hacia la iglesia, no hacen más que seguir sus principios, donde sobre todo el dogma de fe es el que suelen llevar con más fervor a sus acólitos.


Porque hay que tener fe en lo que dicen o propagan, ya que sus programas políticos están para no ser leídos y menos cumplidos, o es que llevaba Bartolomé González en su programa político el cobro del IBI a la Iglesia, tampoco en su discurso de investidura se le oyó pregonar en su hoja de ruta, los desmanes cometidos en este primer año de legislatura. Ya sabemos que las palabras se las lleva el viento, y el papel admite todo, sobre todo cuando se efectúan en el “Mercadillo del Humo”.


Este “Mercadillo del Humo” en que se ha convertido el Salón de Plenos se ha puesto al servicio del absurdo. ¿Cómo en un ayuntamiento intervenido con una gran deuda, se puede aprobar que el servicio del agua vuelva a la gestión municipal cuando hay que pagar muchos millones de indemnización? Pues se aprueba, con dos cojo…., y aquí paz, y después gloria.


Y si hay que poner un defensor del vecino en expúreos acuerdos con IU por parte del vicesecretario de la nada que cuestan al vecino 500.000 euros, pués se crea esa necesidad.


O cuando se aprobó eliminar la empresa pública Promoción Alcalá para dejar de percibir 3 millones de euros.


Qué diferencias existen entre PP, PSOE, IU Y UPYD, con el ayuntamiento sin ningún euro, e intervenido, ninguna. Alcalá de Henares y sus ciudadanos no se merecen unos políticos que solo piensan en el abono que a sus cuentas particulares y a sus partidos les llega a fin de mes, incapaces de sacrificar tanto sus millonarias soldadas como las destinadas a sus partidos, y es que eso de tocarles el bolsillo, como se demostró en el pasado pleno nada de nada, para tocarles el bolsillo ya están destinados los trabajadores municipales y los ciudadanos.


Un partido debe gobernar desde la coherencia y dignidad. En los plenos se habla de todo, menos de lo que interesa a los vecinos, no se oye hablar de bajar impuestos, realizar comedores sociales para los ciudadanos que sufren penurias económicas, incrementar la presencia policial para hacer cumplir las ordenanzas municipales, Procurar que Alcalá esté más limpia sin reducir efectivos humanos y mecánicos, etc.


Por ese motivo lo que nuestros ediles efectúan son dogmas de fe, tan cercanos a los de la tan “odiada” iglesia. Funcionan en cualquier condición, en cualquier persona, ahora y siempre y Alcalá sumida en la pobreza, el desgobierno y la indignación.

 
     
     
 
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