La era de la
globalización, ese proceso productivo que ha
abierto la puerta a los mercados nacionales al
libre comercio, a las privatizaciones de
empresas públicas, a las fusiones de las
empresas, no es ajeno a cualquier desarrollo
industrial existente, con sus beneficios y
riesgos.
El valle del
Henares, cuya capital Alcalá comenzó su proceso
de industrialización en la década de los años
cincuenta, está viendo como en los inicios del
siglo XXI, siguiendo la tónica de la economía
actual, el peso industrial está decayendo en un
ligero y peligroso goteo.
El mundo
económico actual tiende a buscar una mayor
eficiencia del mercado que aumenta su
competencia disminuyendo el poder del monopolio.
Se busca mejoras en la comunicación y
cooperación internacional que puede llevar a un
mejor aprovechamiento de los recursos. Se
impulsa el desarrollo técnico-científico al ser
más lucrativo. Se consigue una mayor capacidad
de maniobra frente a las fluctuaciones de las
economías internacionales, y se eliminan las
barreras del mercado laboral.
Estos
factores, beneficios potenciales de la
globalización, están haciendo por otra parte que
muchas empresas con problemas de gestión y por
tanto de competitividad, estén poniendo es
serios riesgos de estabilidad económica y
laboral a ciudades cuya existencia dependa del
funcionamiento de la industria asentada en su
suelo.
Se quiera
reconocer o no, la primera gran empresa que tuvo
Alcalá durante los dos últimos siglos, fue el
ejército. La vida de Alcalá discurría para y por
la milicia. El comercio, la artesanía, el
alquiler de viviendas, la demanda de productos
agrícolas tenían prácticamente un único mercado.
Cuando a
mitad del siglo XIX, las grandes ciudades
comenzaron su proceso de industrialización,
Alcalá seguía ofreciendo sus servicios, tanto
locales como municipales a la entidad castrense.
La primera
fábrica que tuvo Alcalá, no llegó hasta 1922,
cuando a instancias del conde de Canga-Argüelles
se instala en la Ciudad la empresa Forjas,
de capital hispano-alemán, dedicada a la
construcción y reparación de vagones de
ferrocarril. Asimismo surge en la calle
Santiago, Alcalá-Textil, una pequeña fábrica de
medias y géneros de punto. Las fábricas de
harinas de Bernardo García Carrión en el puente
Zulema, la del Colegio de la familia del Campo y
la de Sergio Real. Aparte algunas cerámicas que
ayudan a paliar la preocupante situación laboral
de los obreros alcalaínos.
La
construcción de los aeródromos en Alcalá y la
del manicomio, mantienen a buena parte de la
población ocupada.
Pero si
Alcalá en la mitad del siglo XX había mantenido
sin grandes cambios su población, sería a partir
de los últimos años cincuenta y primeros sesenta
cuando iba a configurarse como una ciudad con un
peso industrial considerable, como lo demuestra
la proporción de empleos industriales respecto
al empleo total de la población que es de un
35,5 %, mientras que la media provincial es del
22,2 %.
La fuerte
concentración de industrias en Madrid, determina
una fuerte necesidad de suelo para las fábricas;
se llega a una cierta saturación interna y tras
la primera expansión hacia los núcleos más
próximos, se buscan nuevos espacios, que
actuarán como áreas de descongestión. Una de
ellas el erróneamente denominado Corredor del
Henares, (su nombre correcto sería valle del
Henares).
Esta
situación, hace que medianas y pequeñas
empresas, consideren más rentable ubicarse en
Alcalá y otros lugares de su entorno, por el
ahorro que supone, sobre todo en la compra o
alquiler de terrenos. Está dinámica hace que la
población aumente rápidamente y se empiecen a
crear barrios únicamente destinados a la
residencia de la mano de obra demandada, sobre
todo, proveniente de la vecina Guadalajara y de
las zonas menos industrializadas y más pobres de
España, como Extremadura y Andalucía.
Las primeras
empresas que ponen sus cimientos en Alcalá,
serían Prona (Química Sintética) y Metalúrgica
Madrileña, le seguirían Perfumería Gal, Roca
Radiadores, Ibelsa-Zanussi, Cointra (Alcalá
Industrial), Perlofil (Poliseda), Roclaine,
Fibras Minerales, Fiesta y diferentes industrias
de los sectores del cartón, metalúrgico o
químico (Liade, Alcalá Farma, MSD, etc.).
Sin embargo
por la crisis y por los cambios en la estructura
industrial, gran parte de la industria
metalúrgica y de producción de bienes de consumo
duraderos se encuentra con verdaderos problemas,
a la vez que la existencia de precios
especulativos en la adquisición de terrenos
industriales a favor de zonas residenciales,
hacen que parte del sector industrial esté en
graves dificultades.
La grave
crisis económica que está sufriendo España,
acentuada con la incompetencia del gobierno
socialista, que no quiso verla llegar en un
principio, la negó después y que cuando la tuvo
sobre la mesa dispuso unas medidas para
paliarlas de gasto público, endeudando y
empobreciendo al país y a todos los españoles,
han coincidido con la aparición de nuevas
tecnologías, nuevas divisiones internacionales
de trabajo, cierre y reestructuración de
plantillas, y sobre todo por todo un proceso de
la caída del empleo industrial, aumento de la
flexibilidad laboral, aumento del sector
servicios y la desinstalación o reubicación de
las grande fábricas.
A Alcalá,
llegaron en muchos casos, grandes
multinacionales del sector, en estos años de
gobierno socialista se han podido perder entre
5.000 o 6.000 empleos, los procesos de
deslocalización y desindustrialización ha
afectado a empresas como Gal, aunque esta
fábrica muy consolidada en Alcalá abrió una
nueva y moderna factoría en terrenos de la zona
industrial de La Garena, Cointra, que ha pasado
al grupo italiano Férroli, Ibelsa-Zanussi, del
grupo Electrolux, Poliseda o Robert Bosch. En
2009 se han planteado expedientes de regulación
de empleo en Roca y Eaton (Aeroquip). Hay que
tener en cuenta que la histórica Química
Sintética ha anunciado su cierre para 2011.
No hay que
olvidar tampoco que con el desarrollo de nuevos
polígonos industriales por parte de la Comunidad
de Madrid, en los últimos años han aparecido
sobre todo nuevas empresas del sector logístico
y de manipulados.
Ahora bien,
en vez de emplear el término
desindustrialización, en Alcalá habría que
hablar en términos de deslocalización, porque en
muchos casos las empresas no finalizan o cortan
su producción, sino que cierran su unidad de
producción en territorio español para
reaperturarla en el extranjero, con el propósito
de reimportar en territorio nacional los bienes
producidos en los países extranjeros con menos
coste y continuar proporcionando a los mercados
de exportación los productos de la empresa desde
esta nueva implantación. Estas inversiones en el
extranjero, principalmente en países emergentes,
tienen su auge en China, Brasil y la India,
principalmente. Aunque las funciones
estratégicas se desarrollen en el país de
origen, el coste de la mano de obra de los
productos manufacturados permiten que lleguen al
consumidor a unos precios más bajos.
Estos
síntomas económicos que desde los años 80 venían
prediciendo y priorizando los más ilustres
economistas y que en nuestro país tuvo nuestra
mejor y más brillante etapa económica con el
gobierno de José María Aznar, y con Rodrigo Rato
como ministro de economía, no han querido verlo
ni los gobiernos socialistas posteriores, ni los
sindicatos, más preocupados por las subvenciones
y el apoyo político a un gobierno que destruye
7.000 empleo diarios, que a verdaderos procesos
de readecuación al nuevo orden económico
mundial, sin darse cuenta que están tirando
piedras contra su propio tejado, porque aparte
de las "cuotas" de "sus afiliados", si no fuera
por el dinero de todos los contribuyentes no
podrían subsistir, motivo por el que cualquier
persona que paga impuestos tendría derecho a
elegir sus representantes sindicales sin
necesidad de pagar el impuesto revolucionario
sindical.
Pero cuando
realmente resulta patético la actuación sindical
en lo referente al desempleo en Alcalá, con
manifestaciones en la calle y acusaciones a las
empresas, es cuando compruebas las estadísticas
del INEM en Alcalá de Henares.